Cuando comienzo a explorar el mundo del amor, que es el tema del guion que escribo en este momento, y me dedico a repasar películas que contaran historias de amor frustrado: Luces de la ciudad (1931) Charles Chaplin, Al final de la escapada (1960) de Godard, Irma la dulce (1963) de Billy Wilder , Los girasoles(1970) de Vittorio de Sica, Los puentes de Madison (1995) de Clint Eastwood, Rompiendo las olas (1996) de Lars von Trier, Mi nombre es Joe (1998) de Ken Loach.

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Deseando amar (2000) de Wong Kar-Wai, y Amor (2012), de Michael Haneke, descubro que cuatro de estas películas pertenecen a cuatro movimientos cinematográficos de crítica social y rebeldía contra las formas de hacer cine en cada época (El neorrealismo italiano (final de los 40), La nouvelle vague francesa (final de los 50), El cine social inglés (desde los 80 y sigue produciendo) y Dogma 95, movimiento danés fundado por Lars von Trier y que acaba diez años después.).

Al final de la escapada, Los girasoles, Rompiendo las olas y Mi nombre es Joe son películas de amor que tienen en común una lectura crítica de la sociedad en la que suceden las historias. Muchos cineastas hacen cine comprometido sin pertenecer a ningún movimiento, desde Chaplin a Oliver Stone, desde Kurosawa a Kiarostami, pero he querido profundizar en estos cuatro movimientos y, de todo el material consultado, he extraído unas pinceladas sobre cada uno de ellos:

Para el neorrealismo “Su objetivo era impulsar el séptimo arte  no como una forma de entretenimiento, sino como método de crítica, como instrumento político.” Cine_Cam.

La Nouvelle vague puede quedar definida en esta frase: “Tratar en sus películas la condición humana desoladoramente aislada en el marco de la sociedad pequeño burguesa de la posguerra.” Artium.

El realismo inglés se resume en esta definición de Ken Loach, “El cine realista es más interesante que las fantasías de cualquier director. Una película debe ser honesta y veraz”. Miguel Ángel Villena.

De Dogma 95 dice José Antonio Luna, “reivindicaban lo real como sinónimo de pureza y autenticidad cinematográfica.”

Todas estas maneras de retratar el mundo están influenciadas por los grandes maestros del cine clásico y por el realismo socialista. Muchos directores del Neorealismo, la Nouvelle vague, o el Cine social inglés son o han sido militantes de partidos comunistas como Ken Loach y Visconti, o maoístas como Godard.

Después de este paseo por grandes historias de amor y desencanto del cine del compromiso social, he llegado a la conclusión de que el Neorrealismo, la Nouvelle vague, el Cine social inglés y Dogma 95, someten las historias a un pensamiento, parece que hicieran películas para justificar las respuestas. Si le preguntas a alguien, ¿verdad que todo el mundo es egoísta? (pregunta por yuxtaposición, la respuesta va implícita en la pregunta), le será muy difícil contradecirla. Si le preguntas ¿cómo es la gente en su relación con los demás?, posiblemente tenga algunas respuestas, pero lo que si es seguro que seguirá haciéndose preguntas.

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Lo mejor de las historias de amor es que quién las cuenta, sea del estilo que sea o siga el movimiento que sea, no podrá controlar las emociones que transmiten los enamorados. Cuando los autores comprometidos hablan de arquetipos, dioses o héroes, estos se pueden utilizar para la propaganda o el adoctrinamiento, pero cuando se habla de amor y pasión los personajes son indomables. Por eso ahora cierro los ojos y sólo vea a Marcelo Mastronianni y Sofía Loren en Los girasoles; a Jean Seberg y Jean Paul Belmondo en Al final de la escapada; a Emily Watson y a Stellan Skarsgárd en Rompiendo las olas y a Peter Mullan y Louise Goodall en Mi nombre es Joe. El amor.

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