En mi artículo de este blog, Las metáforas se me volvieron bellas mentiras, de noviembre de 2016, decía que había escrito tres poemarios, uno que no quiero ver, otro que me cansé de mirar y el último, “1957”, que se convirtió en mi testamento poético porque no he vuelto a escribir un solo verso desde hace más de veinte años. En ese artículo intentaba demostrar, analizando el poemario “1957”, que en esos versos faltaba verdad, pero no hablaba de los otros dos poemarios. Removiendo mis viejos papeles descubrí la colección de poemas de los años setenta que yo decía que “no quería ver” y quise releerlos por curiosidad. Mientras releía esos poemas, que conservo en cuartillas decoloradas y con algunas correcciones y escritos con máquinas diferentes, pude recordar que en aquella época mi intención era contar historias y que fue la falta de conocimientos de técnica narrativa la que me derivó a la poesía. La poesía, que es la más compleja, técnica y formalmente, de las artes literarias es, sin embargo, la más fácil de profanar, pienso ahora. ¡Qué hacía yo escribiendo versos! Años después estudié técnica de la narrativa, la dramaturgia y el guión con muy buenos profesores y hoy tengo nueve guiones escritos y una novela (300 páginas) que está en la fase mágica de las reescrituras interminables.

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Si reproduzco estos poemas en sus páginas originales es porque necesito reconciliarme con las historias que quedaron encerradas en ellos y que no supe contar y que me cuesta retomar porque no recuerdo qué había detrás de tanto misterio.

Gracias a estos versos ya tengo el proyecto para mi próxima novela: desvelar las historias ocultas en CENTENARIOS.

Al poemario lo titulé CENTENARIOS (va desde el año 476 hasta nuestros días pero no en orden cronológico). La estructura es muy simple: un personaje, que es un actor muy joven, narra anécdotas cotidianas que le pudieron haber sucedido en un viaje imaginario por los más grandes acontecimientos históricos.

Lo publicaré en dos partes.

Primera parte

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Espero que los/as lectores/as que no se aburrieron con estos versos sintieran el mismo deseo de contar historias que sentí yo al releerlos. Siempre que escribo un artículo en el blog animo a los/as lectores/as a disfrutar del placer de escribir. Una historia te está esperando.