16/2/2016

Reescribo la escena cuatro y comienzo a dudar del protagonismo de Lidia. En el punto de cambio del segundo acto aparece un personaje, Fali, que tiene cuarenta y siete años, desarraigado, es un músico de pubs y fiestas. Lidia conoce a Fali y comienzan una relación. Fali va adquiriendo una fuerza en el argumento que puede explotar y quitarle el protagonismo a Lidia. Esta historia quiero que tenga una estructura clásica, lineal, en tres actos, trama central, tres subtramas y protagonista única, por eso, saber quién es el/la protagonista es fundamental. Las dos historias anteriores, La calle y La mirada, eran historias con protagonista coral y todas las tramas tenían la misma categoría, cada historia avanzaba con su propio conflicto y todos los protagonistas de las tramas hacían el “viaje del héroe”.

 

17/2/2016

Isabel, la joven protagonista de El retrato de una dama, la novela de Henry James ( NW 1843- Londres 1916), en una de sus réplicas le dice a su amiga periodista, Henrietta: “Si algo me afecta con cierta intensidad, yo lo acepto. … supongo que soy un tanto versátil”. Esta idea de mujer se la he robado a H. J. para Lidia, la protagonista de mi historia. Siempre que escribo una historia voy añadiendo adjetivos a los personajes hasta que quedan definidos, casi siempre me propongo diez adjetivos. Isabel ya tiene tres: pesimista, melancólica y versátil. Por eso la reescritura es fundamental para acabar la obra, porque el personaje inicial va evolucionando y cuando la historia está acabada el personaje final tiene que empezar a contar la historia de nuevo como personaje único, acabado, para que sea coherente en cada una de las actuaciones.

 

18/2/2016

Me encantó la historia de Ana Félix, un personaje del Quijote. Una joven, que se viste de hombre para volver a España en un barco corsario, es apresada y cuenta sus motivos:

“—Suspended —dijo el mozo—, ¡oh señores!, la ejecución de mi muerte, que no se perderá mucho en que se dilate vuestra venganza en tanto que yo os cuente mi vida.

¿Quién fuera el de corazón tan duro que con estas razones no se ablandara, o a lo menos hasta oír las que el triste y lastimado mancebo decir quería? El general le dijo que dijese lo que quisiese, pero que no esperase alcanzar perdón de su conocida culpa. Con esta licencia, el mozo comenzó a decir desta manera:

—De aquella nación más desdichada que prudente sobre quien ha llovido estos días un mar de desgracias, nací yo, de moriscos padres engendrada. En la corriente de su desventura fui yo por dos tíos míos llevada a Berbería, sin que me aprovechase decir que era cristiana, como en efecto lo soy, y no de las fingidas ni aparentes, sino de las verdaderas y católicas. No me valió con los que tenían a cargo nuestro miserable destierro decir esta verdad, ni mis tíos quisieron creerla, antes la tuvieron por mentira y por invención para quedarme en la tierra donde había nacido, y, así, por fuerza más que por grado, me trujeron consigo. Tuve una madre cristiana y un padre discreto y cristiano ni más ni menos; mamé la fe católica en la leche, criéme con buenas costumbres, ni en la lengua ni en ellas jamás, a mi parecer, di señales de ser morisca41. Al par y al paso destas virtudes (que yo creo que lo son) creció mi hermosura, si es que tengo alguna; y aunque mi recato y mi encerramiento fue mucho, no debió de ser tanto, que no tuviese lugar de verme un mancebo caballero llamado don Gaspar Gregorio42, hijo mayorazgo de un caballero que junto a nuestro lugar otro suyo tiene. Cómo me vio, cómo nos hablamos, cómo se vio perdido por mí y cómo yo no muy ganada por él, sería largo de contar, y más en tiempo que estoy temiendo que entre la lengua y la garganta se ha de atravesar el riguroso cordel que me amenaza; y, así, solo diré cómo en nuestro destierro quiso acompañarme don Gregorio. Mezclóse con los moriscos que de otros lugares salieron, porque sabía muy bien la lengua, y en el viaje se hizo amigo de dos tíos míosXXII que consigo me traían, porque mi padre, prudente y prevenido, así como oyó el primer bando de nuestro destierro se salió del lugar y se fue a buscar alguno en los reinos estraños que nos acogiese. Dejó encerradas y enterradas en una parte de quien yo sola tengo noticia muchas perlas y piedras de gran valor, con algunos dineros en cruzados y doblones de oro43. Mandóme que no tocase al tesoro que dejaba en ninguna manera, si acaso antes que él volviese nos desterraban. Hícelo así, y con mis tíos, como tengo dicho, y otros parientes y allegados pasamos a Berbería, y el lugar donde hicimos asiento fue en Argel, como si le hiciéramos en el mismo infierno. Tuvo noticia el rey de mi hermosura, y la fama se la dio de mis riquezas, que en parte fue ventura mía. Llamóme ante sí, preguntóme de qué parte de España era y qué dineros y qué joyas traía. Díjele el lugar y que las joyas y dineros quedaban en él enterrados, pero que con facilidad se podrían cobrar si yo misma volviese por ellos. Todo estoXXIII le dije, temerosa de que no le cegase mi hermosura, sino su codicia44. Estando conmigo en estas pláticas, le llegaron a decir como venía conmigo uno de los más gallardos y hermosos mancebos que se podía imaginar. Luego entendí que lo decían por don Gaspar Gregorio, cuya belleza se deja atrás las mayores que encarecer se pueden. Turbéme, considerando el peligro que don Gregorio corría, porque entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo hermoso que una mujer, por bellísima que sea45. Mandó luego el rey que se le trujesen allí delante para verle y preguntóme si era verdad lo que de aquel mozo le decían. Entonces yo, casi como prevenida del cielo, le dije que sí era, pero que le hacía saber que no era varón, sino mujer como yo, y que le suplicaba me la dejase ir a vestir en su natural traje, para que de todo en todo mostrase su belleza y con menos empacho pareciese ante su presencia. Díjome que fuese en buena hora y que otro día hablaríamos en el modo que se podía tener para que yo volviese a España a sacar el escondido tesoro. Hablé con don Gaspar, contéle el peligro que corría el mostrar ser hombre, vestíle de mora, y aquella mesma tarde le truje a la presencia del rey, el cual, en viéndole, quedó admirado y hizo disignioXXIV de guardarla para hacer presente della al Gran Señor; y por huir del peligro que en el serrallo de sus mujeres podía tener, y temer de sí mismo, la mandó poner en casa de unas principales moras que la guardasen y la sirviesen, adonde le llevaron luego. Lo que los dos sentimos, que no puedo negar que no le quieroXXV, 46, se deje a la consideración de los que se apartan, si bien se quieren. Dio luego traza el rey de que yo volviese a España en este bergantín y que me acompañasen dos turcos de nación, que fueron los que mataron vuestros soldados47. Vino también conmigo este renegado español —señalando al que había hablado primero—, del cual sé yo bien que es cristiano encubierto y que viene con más deseo de quedarse en España que de volver a Berbería; la demás chusma del bergantín son moros y turcos, que no sirven de más que de bogar al remo. Los dos turcos, codiciosos eXXVI insolentes, sin guardar el ordenXXVII que traíamos de que a mí y a este renegado en la primerXXVIII parte de España, en hábito de cristianos, de que venimos proveídos, nos echasen en tierra, primero quisieron barrer esta costa y hacer alguna presa48 si pudiesen, temiendo que, si primero nos echaban en tierra, por algún acidente que a los dos nos sucediese podríamos descubrir que quedaba el bergantín en la mar, y si acaso hubiese galeras por esta costa, los tomasen. Anoche descubrimos esta playa, y, sin tener noticiaXXIX destas cuatro galeras, fuimos descubiertos y nos ha sucedido lo que habéis visto. En resolución, don Gregorio queda en hábito de mujer entre mujeres, con manifiesto peligro de perderse, y yo me veo atadas las manos, esperando o, por mejor decir, temiendo perder la vida, que ya me cansa. Este es, señores, el fin de mi lamentable historia, tan verdadera como desdichada; lo que os ruego es que me dejéis morir como cristiana, pues, como ya he dicho, en ninguna cosa he sido culpante de la culpa en que los de mi nación han caído49.

Y luego calló, preñados los ojos de tiernas lágrimas, a quien acompañaron muchas de los que presentes estaban. El virrey, tierno y compasivo, sin hablarle palabra, se llegó a ella y le quitó con sus manos el cordel que las hermosas de la mora ligaba.”

De Barcelona dice D. Quijote:

“Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única; y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, solo por haberla visto.” 

Cuando leo a alguien grande como Cervantes sólo me queda hacer una reverencia y decir gracias por ayudarnos a entender la vida.

 

19/2/2016

Reescribo la escena cuatro, la tertulia entre Lidia, su novio Raúl y la pareja de amigos Juana y Héctor. Hablan de la amistad y el amor y en un momento surge este diálogo:

 

JUANA(habla de su novio Héctor)

Cuando llega a casa empieza con su rollo de qué discusión más inútil hemos tenido, que si…

LIDIA

¿Y qué dice de nosotros?

RAÚL

(a Juana)

No lo digas, ya lo sé, los que nos dedicamos a los demás somos idiotas.

JUANA

No, él dice que es un desperdicio dedicar tanto talento a ayudar a los demás.

LIDIA

Pero la felicidad también cuenta en la vida, no sólo los beneficios.

HÉCTOR

¿Es que los que buscamos el beneficio, como dices tú, no podemos ser felices?

 

Este diálogo me hizo ver mis prejuicios sobre la pureza del amor, como si la felicidad fuera el premio para los que practican el amor puro, limpio y desinteresado.

 

20/2/2016

El pensamiento del día de ayer me hizo endurecer a los personajes. Yo pretendía hacer una historia pastelosa y blanda, porque, como decía, en mis historias anteriores no conseguía que un personaje fuera feliz más de cinco minutos y quería cambiar, pero ahora ya empiezo a traicionarme y me tienta verlos sufrir.

 

21/2/2016

He visto la película Carol, con Cate Blanchett. Es una historia de amor entre dos mujeres, situada en los años cincuenta, que te hace creer en el amor. Superan las presiones y prejuicios de la época para vivir su historia. La narración tiene un tempo que te hace viajar por el interior de los personajes como si vivieras lo que sienten. Es una película sencilla, bella, discreta, armónica, dulce, frágil, melancólica, pasional, tensa y épica.

 

22/2/2016

Empecé la relectura del Quijote por los últimos veinte capítulos de la segunda parte.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una lectura. Todo me emocionaba y al llegar a la muerte de Alonso Quijano y leo el epitafio de Sansón Carrasco:

“Tuvo a todo el mundo en poco,
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.”

en ese momento descubrí la fuerza que puede llegar a transmitir la literatura. Vale.

 

23/2/2016

Hoy retoco la escaleta y el joven que había quedado paralítico y que Lidia cuidaba, sólo lo utilizaba para mostrar la entrega de Lidia como enfermera y su amor desinteresado, pero ahora el joven tiene una historia triste: su madre lleva una vida despreciable y él la necesita. El joven acaba influyendo en Lidia. El joven pasa a tener su propia subtrama. Hay personajes que crecen a tu pesar.

 

24/2/2016

Pienso en la película Carol y más ganas me da de escribir mi historia de amor. Le puse diez adjetivos a la película y le he robado algunos para el personaje de Lidia, que iba por tres (pesimista, melancólica, versátil), ahora es también frágil, pasional, y épica. Ya se está perfilando Lidia y eso hace que me crea lo que dice. En los primeros diálogos, cuando todavía no conozco bien a los personajes, los voy marcando sin consolidarlos. Voy resolviendo el objetivo de cada escena cogiendo los diálogos con alfileres y espero a las reescrituras, que las va pidiendo el mismo personaje: de repente me viene una réplica del personaje de diez escenas más atrás que no es coherente con los nuevos matices o con los nuevos detalles de la biografía y la reescribo. Trabajo, trabajo, trabajo… placentero, pero trabajo.

 

25/2/2016

Me propuse hacer un guión conmovedor para contrarrestar mis historias anteriores; que, como decía, no dejaba que un personaje fuera feliz más de cinco minutos, y, ayer, me salió la escena más triste que he escrito nunca. Tengo la esperanza de que la escena se me caiga sola, no veo a mis personajes hablando de esta manera:

 

SEC. 6 INT. RETRETE DEL SALÓN DE BODAS. DÍA

Raúl hace el amor apasionadamente con UNA CHICA.

Se escucha la MÚSICA que viene del salón de bodas.

FUNDE A:

SEC. 7- INT. SALÓN DE BODAS. DÍA

Dos PAREJAS bailan por inercia.

En el salón queda poca gente.

Está todo desordenado, caótico y triste.

Unos empleados/as recogen y ordenan el salón.

Lidia está sentada mirando hacia la salida de los lavabos.

Raúl sale de los lavabos ajustándose el traje y ve a Lidia que lo mira fijamente.

A los pocos segundos sale la chica arreglándose el vestido.

Lidia se levanta para irse, él le cierra el paso y corre hacia el lado opuesto.

Él la sigue a toda velocidad hasta el otro extremo del salón.

La alcanza y la obliga a pararse.

Raúl está bebido.

La MÚSICA sigue durante toda le secuencia.

RAÚL

No te voy a decir que no es lo que parece… joder, se me ha ido olla y…

 

Lidia se gira de espaldas para contener la rabia.

LIDIA

¡Vete! No hagas que sienta asco de ti.

RAÚL

(haciéndose la víctima)

Sabía que un día mi arrogancia me la iba a jugar. Déjame decirte lo que siento y luego me iré y si quieres será para siempre.

LIDIA

Déjame en paz, no quiero escucharte. Para ti las mujeres somos trofeos, sólo hay que decirles cuatro palabras bonitas y…

(llora)

Te odio, hijo de puta, ¡vete ya!

Él se va hacia la salida, que está en el otro extremo del salón. Le habla desde lejos.

RAÚL

(tono alto)

(muy seguro)

Ya no volverá a pasar, tú me conoces.

Lidia se queda abatida. Mira hacia la salida hasta que se le pierde la mirada.

LIDIA

(conmocionada)

(mirada perdida)

(habla sola)

(a Raúl)

¿Por qué te he querido tanto? Me has robado el valor para odiarte… ahora correría detrás de ti si volvieses a aparecer… di que estás ahí… y sólo tienes que alargar la mano y yo la pasaré por todo mi cuerpo para hacerte sentir que soy tuya… ¿Pero qué estoy diciendo?, ¿estoy loca…? ¡Hijo de puta, olvídate de mí!

(muy asustada)

Si no puedo dejar de quererte no quiero seguir viviendo.

(pausa)

(llora)

(a su padre)

Papá, ¿por qué ya no estás conmigo? Tú me sacarías de esta mierda de amor que estoy viviendo. En este momento no tengo a nadie en quién creer y hablo sola porque te necesito. ¿Por qué te echo tanto de menos?, ¿y por qué se me está borrando tu cara?, tengo miedo, papá. ¿Ya no soy yo, ya no tengo ideas propias? Siempre decía que ningún hombre me iba a atar y ahora soy un peso muerto en manos de ese tío cabrón. No he opuesto resistencia y he perdido la voluntad, ahora lo pagaré, ¿verdad, papá?,

(pausa)

como tú.

Un EMPLEADO pasa cerca de Lidia y se interesa por ella al verla llorando.

EMPLEADO

¿Se encuentra bien?, señorita.

LIDIA

Sí, estoy bien, sólo es que he bebido más de la cuenta.

EMPLEADO

(haciéndose el gracioso)

Ya, y a los borrachos les da por llorar…

El empleado se da cuenta que ha ofendido a Lidia.

EMPLEADO

Perdón.

 

La escena todavía no está reescrita (falta ajustarla a la construcción final de los personajes, al ritmo y la armonía de las palabras, y a la fuerza del subtexto; que sale de ese deseo profundo que mueve a los personajes y que surge cuando ya no los domino y empiezan a vampirizar mi inconsciente), pero me siento incómodo con los personajes como Lidia. Leí en un análisis de las películas candidatas a los Oscar y decía que La habitación, de Lenny Abrahamson, no debería recibir un Oscar porque es demasiado conmovedora. Eso me dio más miedo a seguir por ese camino. Otro de mis miedos es si estoy traicionando mi estilo del que me sentía tan seguro.

 

26/2/2016

He dudado sobre mi estilo y he empezado a releer las setecientas páginas de mis ocho guiones. Desde que encontré mi propia voz ya no he podido parar de escribir y con este nuevo guión no sé si encontraré una nueva manera de narrar.

 

29/2/2016

Al leer todas mis historias seguidas he visto que he escrito una sola historia, una historia de 14 horas en ocho capítulos. Empieza matando al padre y acaba en la soledad absoluta.

Voy a intentar definir los elementos comunes de mis guiones:

-Todos mis personajes son urbanitas y sólo en Nadie hay una localización concreta, en los demás guiones no es posible localizar una ciudad concreta.

-Los temas dominantes, por el orden cronológico (1994 a 2015), de los guiones son: el adoctrinamiento (Mai més), la trascendencia (Nadie), el trabajo, el poder, los amigos y el sexo (Rokalia), la marginación social (Siroco), la venganza (La noche), la jerarquía (El puesto), la soledad (La calle) y la influencia del medio (La mirada). Pero en todos los guiones no dejan de estar los demás temas exceptuando la demagogia que aparece en Mai més y Nadie.

-El género de todas las historias es el drama interior que no deja vivir a los personajes. Este drama interior lleva a algunos personajes a la autodestrucción, a la muerte o al asesinato. A muy pocos personajes les doy una chispa de esperanza.

-En los diálogos no tolero la demagogia, excepto en Mai més y Nadie. Pretendo, si mis guiones interesan, que sean los espectadores los que generen los pensamientos y las reflexiones si se los provocara la historia.

-Yo sólo cuento historias y no ilustro mis propios pensamientos.

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