Isaki Lacuesta e Isa Campo participaban en un mesa redonda en la sede de la SGAE en Barcelona para hablar sobre el guion de su película La propera pell (es el título original), que fue escrito por ellos dos y con la colaboración de Fran Araújo, y he asistido porque siempre enriquece conocer el método de trabajo de otros guionistas (si el tema hubiera sido hablar de la película, también dirigida por ellos dos, no hubiese ido), pero mi sorpresa fue descubrir algo que echaba de menos en el cine español: Isa Campo e Isaki Lacuesta rebosaban verdad. Fui para seguir aprendiendo sobre la escritura de guion y, haberlos conocido, fue la mejor enseñanza. Yo tenía unos prejuicios inmensos sobre el cine español actual (en dos de mis artículos de este blog ya hablaba de ello al analizar las películas Truman, Regresión y Julieta) porque pienso que es un cine hecho para los amigos y entre amigos del alma, sin competencia, sin desgarros, sin contradicciones, cine hecho con ingredientes seguros y correctos para crear un cóctel “maravilloso” (todo prejuicios por mi parte, claro).

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Lo primero que hice antes de ver la Propera pell fue visualizar dos películas españolas muy premiadas, Pa negre y Tarde para la ira, para ver si se me curaba este mal, pero fue peor para mi pensamiento sobre el cine español actual (tengo nueve guiones escritos y ninguno realizado, y pienso, ¿si algún director filmara uno de mis guiones saldría una “película española actual”? Espero que no, me gustaría que fuera una película española de siempre). A veces me paro a ver películas españolas no comerciales y algunas me parece que son puro estilismo, como si estuvieran alentadas por críticos y jurados (hay que crear productos para Cannes, o para Venecia, o Berlín). Y otras veces me asalta alguna película hiper comercial y veo cómo nos declaran tontos a los espectadores. Claro que el cine es un oficio, y hay mucha gente que vive de él, pero… (no sigo porque diría los exabruptos más obscenos).

Sé valiente, artista.

La verdad y el cine, para mí, no es que el cine tiene que crear historias reveladoras y que hagan pensar al espectador, no. Un/a artista del cine (también hay oficiantes) cuenta sus historias respetando su propia visión del mundo: es un/a notario/a de lo que ve, de lo que siente, de lo que le transmite la realidad, no dicen verdades ni lo que la gente quiere oír, sólo su verdad. Unos/as se ríen del mundo, otros/as lo sufren o cuentan su historia, o se recrean en la belleza, o se regodean en el morbo, o militan en la crítica social, o exaltan los valores de la vida espiritual, o reflejan sus traumas, o su temor al futuro.

¡Qué grande es el cine!

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Todo este preámbulo viene para contar que, después de disfrutar de esa verdad que busco en el cine en las palabras de Isaki Lacuesta e Isa Campo durante la mesa redonda en la SGAE, me propuse ver la película La próxima piel con todo el miedo del mundo a que se me derrumbara y se rompiera el encanto que me habían transmitido sus creadores. Pero, ¡oh, sorpresa!, creo que la película dice lo que quieren decir los artistas (a pesar del hiper liderazgo de Sergi López y del giro que pega cuando parece que los dos chicos quieren violar a la chica y acaban enrollándose entre ellos, para mí son los dos únicos momentos “ingrediente” ajenos a la historia). Veo en la película que ese poder interior que tienen los dos artistas se ha impuesto a la tentación de hacer la película con mayúsculas.

Es su película para quien quiera verla.

La próxima piel es bella y cargada de emociones creíbles y posibles. Y nos deja margen para que el público podamos interpretar lo que vemos aunque no coincida con la propuesta de los dos artistas (como el que mira un cuadro). Cuando Emma Suárez (¡grande!) baila con Gabriel y vemos en su cara el reflejo de la contradicción de que le había prometido que nunca le mentiría pero que en ese momento no le importa que él se invente historias, que no lo va a desmentir, sólo le importa que él quiere quererla (he visto y he sentido esto y aunque no sea cierto me basta para creer en la película).

Gracias, artistas.